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El blog literario latinoamericano

domingo, 20 de enero de 2019

 Blog de Patricio Pron

Claudio López de Lamadrid (1960-2019) / Más grande que la vida

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"Un editor tiene que dar la cara y defender sus elecciones", sostuvo en alguna ocasión Claudio López de Lamadrid (Barcelona, 1960); más recientemente, en una conversación con Ignacio Echevarría, sostuvo que "hacer ‘bien' los libros no es tarea sencilla [...]: aparte de práctica y experiencia, se necesita cierta vocación, al menos una vocación de perfeccionismo, de trabajo bien hecho".
 
Ambas declaraciones resuenan especialmente tras la muerte de Claudio la semana pasada; también, y de forma más específica, describen las que fueron las líneas maestras de su trayectoria, que comenzó con la intervención del azar: sobrino de Antonio "Toni" López Lamadrid (quien codirigía Tusquets Editores junto a Beatriz de Moura desde 1976), Claudio comenzó ayudando en la mudanza de la editorial cuando tenía diecisiete años; menos de dos años después, y tras un breve período de formación en París bajo la tutela de Christian Bourgois, se incorporó a Tusquets como editor de mesa, un puesto que ocupó durante toda una década. Claudio tradujo a Joan Didion, Tom Spanbauer y Northop Frye y fue decisivo en la creación de Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg antes de comenzar a trabajar en Grijalbo Mondadori.
 
No parece posible trazar un balance de una trayectoria como la suya; por una parte, porque ésta ha quedado inconclusa; por otra, porque el pesar por su repentino fallecimiento el viernes pasado es demasiado intenso como para dejar lugar al cálculo. Y sin embargo, puede decirse ya que esa trayectoria tiene un carácter ejemplar en relación con la transformación de la escena editorial española, que en el transcurso de tan sólo un par de décadas vio la desaparición de decenas de proyectos editoriales, su absorción por parte de los grandes grupos y las transformaciones que las nuevas tecnologías introducían en el ámbito de la distribución y comercialización de libros, así como en los hábitos de lectura. Claudio atravesó esa época con facilidad y con el convencimiento (que nos alejaba) de que todo ello podía beneficiar de alguna manera a la literatura de calidad: era un lector entusiasta de la producción de las pequeñas editoriales hispanohablantes (sobre las que hablaba con autoridad), pero disfrutaba enormemente también de pertenecer a un gran grupo, cuyo "músculo" empleaba de forma libérrima en su defensa de un tipo de literatura que dialogara con la más estricta actualidad sin perder de vista su posibilidad de convertirse en clásica.
 
Literatura Random House (antes Literatura Mondadori) fue durante décadas "su" sitio; allí formó a decenas de colaboradores y desarrolló las dos líneas de trabajo que constituyen la parte del león de su legado: por una parte, la publicación en español de la más reciente narrativa norteamericana, una apuesta de enorme riesgo en sus comienzos si se considera la juventud de los autores que publicó (Jonathan Lethem, Dave Eggers, Junot Diaz, Chuck Palahniuk, George Saunders, Michael Chabon, Denis Johnson, entre otros) y la ambición a menudo desconcertante de sus obras, por ejemplo La broma infinita de David Foster Wallace, de la que fue uno de los primeros valedores.
 
Buen conocedor de la literatura latinoamericana, Claudio apostó por la circulación de ésta en España, así como de la literatura española en América Latina, en el que constituye el otro de sus legados a los lectores en esta lengua. María Moreno, Rodrigo Fresán, Emiliano Monge, Fogwill, Javier Calvo, Belén Gopegui, César Aira, Javier Cercas, Alma Guillermoprieto, Alberto Fuguet, Rafael Gumucio, Pablo Raphael, Horacio Castellanos Moya, Raúl Zurita, Cristina Rivera Garza y Mercedes Cebrián son algunos de los autores con cuya publicación contribuyó decisivamente a lo que acabó llamando el "mapa de las lenguas", la construcción de un territorio literario que Claudio (que confiaba ciegamente en las posibilidades que se abrían a la publicación en América Latina con la digitalización y la emergencia de pequeñas editoriales regionales, incluso aunque su confianza se viese minada una y otra vez por los datos de la economía real y el descrédito de la literatura) conformó y pobló como pocos editores lo han hecho.
 
Claudio López fue mi editor y mi amigo, una de esas figuras "más grandes que la vida" con las que todo escritor debería medirse alguna vez: su carácter era volcánico, su vocación era absoluta, su afán de perfeccionismo (también en la elección de sus colaboradores) era enorme. Claudio trazó en torno a su figura un tejido de afinidades y de relaciones que nos ha convertido, a quienes tuvimos la suerte de formar parte de ella, en algo parecido a una familia, que se reparte en varias ciudades (las que más le gustaban, como Madrid, Barcelona, Ciudad de México, Buenos Aires, Santiago de Chile) y cuyos miembros tienen prácticamente como único denominador común la experiencia de su amistad y el ejemplo de su compromiso con la literatura.
 
A lo largo de los últimos años, escribir a sabiendas de que sería el primer lector de mis libros (pero también su principal defensor, si estos superaban su escrutinio) suponía un gran desafío, y, por consiguiente, una de las principales motivaciones que podía yo encontrar para escribir. La de Claudio era la mirada de un dios colérico y gracioso y de una generosidad sin medida. La relación entre los autores y sus editores es proverbialmente difícil y no excluye un porcentaje de conflictividad que no debería exagerarse pero que tampoco es necesario omitir: Claudio y yo solíamos estar en desacuerdo en relación a una parte importante de su catálogo, que en mi opinión respondía más a la voluntad (por ejemplo a la de encontrar un autor o autora allí donde era evidente que no lo/a había) que a la convicción y/o a la evidencia; si ese desacuerdo establecía un límite a nuestra relación, no lo hacía en menor medida el hecho de que ambos viniésemos de países distintos, perteneciésemos a generaciones diferentes y a clases sociales enfrentadas.
 
Y sin embargo, fuimos amigos: Claudio estuvo en mi boda, planeó conmigo todos mis libros (incluyendo el que pensábamos hacer a continuación y ya no haremos), les otorgaba su bendición o los toleraba, me regaló libros, me invitó a cenar y a tomar el té. Nunca cambió una coma de mi trabajo, pero yo cambiaría voluntariamente esa coma por un día más de Claudio entre nosotros. La última vez que estuve con él me tomó del brazo para cruzar la calle, y yo pensé que, en tanto autor y editor, y como amigos y primos y devotos de una religión personal de libros y de bromas privadas, él y yo seguiríamos atravesando juntos esa calle durante muchos años, peleándonos entre risas sin soltarnos del brazo. No hay grandes libros sin grandes editores; si mis libros tienen algún tipo de grandeza (siquiera circunstancial) es gracias a Claudio; su pérdida es muy grande, tan grande como lo eran sus entusiasmos, sus convicciones, sus enojos, su impaciencia, su compañerismo y la perplejidad y el dolor con los que comienzo ahora a conjugar su nombre en pretérito.

[Publicado el 14/1/2019 a las 18:45]

[Etiquetas: Claudio López de Lamadrid]

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"Hábitat" de Milagro Abalo / Un poema

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Milagros Abalo nació en Santiago de Chile en 1982. Si los poemas de La normalidad de una familia (Las Cortaderas, 2012) abordaban la duplicidad y el secretismo de los linajes, la precariedad y las pérdidas, y los de Esto es (Hueders, 2016) revisitaban el poder evocador de las imágenes fotográficas y las noticias en la prensa, los de Hábitat (su nuevo libro) dan cuenta de la irrupción de la naturaleza en la vida práctica y el tránsito del tiempo. Son poemas acerca de pequeñas epifanías en torno a las cuales convergen el descubrimiento y la imposibilidad de su repetición, la manifestación de la vida (paradójicamente, después de que ha cesado, como en "Palomas", en "La buganvilla comenzó a languidecer" y en "Lamento por la gata") y la noticia de su interrupción, el goce por la vida que se sucede y la convicción de que una sobriedad excesiva puede atentar contra la juventud. Una especie de fragilidad parece haberse instalado recientemente en la poesía de Milagros Abalo, pero su lectura habla de una escritora extraordinariamente sólida, cuya obra habita los territorios a los que se asoma; una voz insoslayable de la poesía hispanoamericana contemporánea a pesar de la juventud de su autora.

 
OASIS

 
Florece. A pesar del barro
de la basura que nos rodea
y dejan a diario en las puertas
de este remoto lugar. Acostúmbrate
al pasto seco. No te amilanes
no escuches a los que usan
con incondicional frecuencia
la palabra deber. Eres joven
tus ojos no se han ensombrecido
de tanto animal muerto.
Llénate de junquillos, colas de zorro
chilcas que traerán el canto de las aves
aunque vengan sólo de paso. Florece
y al florecer recuérdales algo a los que te escuchan.

 
Milagros Abalo
Hábitat
Santiago de Chile: Hueders, 2018

[Publicado el 08/1/2019 a las 20:36]

[Etiquetas: Milagros Abalo, Hueders, Poesía]

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Los "libros del año" / (A favor de las tradiciones)

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Una tradición extendida (pero no por ello menos cuestionable) convierte a diciembre en el mes de las listas. Las de "lo mejor del año" en materia de literatura soslayan varias preguntas importantes (¿Qué es mejor que qué? ¿Por qué? ¿Para quién? ¿La potencia y significación de un libro se agotan en el transcurso de un año? Y en ese caso, ¿por qué éste merecería mención?), pero diciembre no es el momento para hacerlas, y el resto del año las listas no importan. A falta de una revisión exhaustiva del término, y para cumplir con la tradición, estos son mis "libros del año", en feliz desorden y con la convicción de que estos son los que pasan la prueba del tiempo, los que seguiremos leyendo, también en 2019. (Y si no nos vemos antes, feliz año para todos.)

 
John Cheever, Cuentos (Literatura Random House)
 
Denis Johnson, El favor de la sirena (Literatura Random House)
 
Kjell Askildsen, No soy así (Cuentos, 1983-2008) (Nórdica)
 
Francisco Ferrer Lerín, Besos humanos (Anagrama)
 
Elvio E. Gandolfo, Los lugares (Blatt & Ríos)
 
Gustavo Pacheco, Alguns humanos (Tinta-da-china)
 
Marcelo Cohen, La calle de los cines (Sigilo)
 
Edith Pearlman, Visión binocular (Anagrama)
 
Martín Rejtman, Madrid es una mierda (Editorial Barrett)
 
Gustave Flaubert, Tres cuentos (Eterna Cadencia)

 
Deborah Levy, Leche caliente (Anagrama)
 
Uwe Timm, Icaria (Alianza de Novelas)
 
Eva Baltasar, Permafrost (Literatura Random House)
 
Claudia Hernández, Roza tumba quema (Sexto Piso)
 
Manuel Vilas, Ordesa (Alfaguara)
 
Joan Bodon, El libro de los finales (Club Editor)
 
Francesco Pecoraro, La vida en tiempos de paz (Periférica)
 
Lisa Halliday, Asimetría (Alfaguara)
 
Jasmine Ward, La canción de los vivos y los muertos (Sexto Piso)
 
Nicholson Baker, La entreplanta (La Navaja Suiza)

 
John Cheever, Diarios (Literatura Random House)
 
Pierre Michon, Llega el rey cuando quiere. Conversaciones sobre literatura (Wunderkammer)
 
Teju Cole, Cosas conocidas y extrañas (Acantilado)
 
Stuart Jeffries, Gran Hotel Abismo (Turner)
 
Franz Kafka, Cartas (Galaxia Gutenberg)
 
María Moreno, Black Out (Literatura Random House)
 
E. B. White, Ensayos (Capitán Swing)
 
J. A. Baker, El peregrino (Sigilo)
 
Gustavo Guerrero, Paisajes en movimiento: Literatura y cambio cultural entre dos siglos (Eterna Cadencia)
 
Bob Pop, Días ajenos: Otoño-Invierno (Somos Libros)

  
Ana Galvañ, Pulse Enter para continuar (Apa Apa)
 
Tom Gauld, En la cocina con Kafka (Salamandra Graphic)

 
Tedi López Mills, Lo que hicimos (Almadía)
 
Anne Carson, Nox (Vaso Roto)
 
Ezra Pound, Cantos (Sexto Piso)

[Publicado el 12/12/2018 a las 08:27]

[Etiquetas: Pierre Michon, Teju Cole, Stuart Jeffries, Franz Kafka, Francesco Pecoraro, Joan Bodon, Lisa Halliday, Jasmine Ward, Nicholson Baker, Deborah Levy, Uwe Timm, Eva Baltasar, Claudia Hernández, Manuel Vilas, J. A. Baker, E. B. White, María Moreno, John Cheev]

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"And Now for Something Completely Different" / "Mala pinta" de Spike Milligan

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"Una buena mañana de cierto mes de junio", los habitantes de la pequeña localidad irlandesa de Puckoon despiertan "en medio de una inesperada ola de calor"; todo lo demás sigue como siempre: los sombreros de los ancianos florecen, las ancianas se levantan la falda para airearse, los cortadores de turba afrontan su extinción, Murphy se apoya en un muro, el cura acude al banco para recaudar fondos para su iglesia ("No sea necio, padre. Baje esa pistola", le pide el director) y un perro intenta seducir a Dan Milligan, un hombre de piernas escuálidas ("una especie de chismes delgados, blancos y peludos") que vive "de su pensión y de su ingenio, ambas cosas irremediablemente insuficientes". Los miembros de la Comisión Fronteriza intentan establecer, mientras tanto, los límites de la República entre amenazas no necesariamente inherentes a tamaña responsabilidad, como las enfermedades estacionales, las caseras, el desengaño amoroso y las dentaduras postizas puestas del revés; los pubs cierran en una hora, de manera que la Comisión alcanza rápidamente un acuerdo. Pero la decisión de que la nueva frontera atraviese el camposanto de Puckoon desatará una serie de hechos medianamente previsibles: un incidente ferroviario que deriva en un coito interrumpido, la reducción drástica del espacio disponible para los clientes del pub local, la llegada al pueblo de un policía chino que tiene algo que decir sobre la caza furtiva, un funeral que termina con el muerto tomado por un borracho más y conducido de regreso a su cama, un complot del IRA para contrabandear explosivos que termina con los complotados infiltrando un grupo de boy scouts, un tráfico de cadáveres del lado protestante al católico que orquesta el cura, la persecución de una pantera huída del circo, una representación teatral de "Julio César" que termina con la demolición de una residencia para ancianos y varias detenciones por exhibicionismo.

Spike Milligan (1918-2022) fue uno de los espíritus más heterodoxos y libres del humorismo británico; creador del seminal The Goon Show junto a Harry Secombe, Michael Bentine y Peter Sellers, autor de limericks y numerosos (y encantadores) libros para niños, así como de unas extraordinarias memorias de guerra en seis volúmenes, Milligan escribió "Puckoon" (el título original de esta Mala pinta) en 1963 inspirándose en Bajo el bosque lácteo de Dylan Thomas. No sólo por esta razón, su novela da la impresión de a ratos de una sucesión de historias que no contribuyen necesariamente al asunto principal del libro; todo confluye en un gran final, sin embargo, y Mala pinta resulta una lectura deliciosa: sus diálogos son excepcionales, el narrador parece permitírselo todo (los perros del libro tienen sueños "óseos", las millas son "métricas", la pequeña localidad es "microcefálica", por ejemplo), sobre la vida y la muerte de sus personajes planean "el pequeño vicio, el fallo minúsculo, la vanidad revelada" que, según John Gregory Dunne, son la característica principal de la comedia irlandesa, esa extraordinaria invención hecha de "debilidad y desgracias".

Compleméntese con otros grandes ejemplos del género publicados recientemente, como las tres novelas de Flann O'Brien que Antonio Rivero Taravillo reunió este año para Nórdica bajo el título de El cultivo de la patata en Irlanda y los cuentos de Kevin Barry de Oscura yace la isla traducidos por Dídac Gurguí para Rayo Verde. Los tres valen mucho la pena.


Spike Milligan
Mala pinta
Trad. Julia Osuna
Barcelona: Blackie Books, 2018

[Publicado el 05/12/2018 a las 12:00]

[Etiquetas: Spike Milligan, Novela, Blackie Books, Flann O'Brien, Kevin Barry, John Gregory Dunne]

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Un título perfecto / "Días ajenos: Otoño-Invierno" de Bob Pop

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Acerca de los títulos de los libros, así como sobre tantas otras cosas, no parece haber unanimidad, ni siquiera consenso. ¿Qué significa "titular bien"? ¿Es mejor "El gran Gatsby" que "Trimalchio en West Egg"? (Respuesta: es muchísimo mejor.) ¿De qué manera habría sido leída la novela de Francis Scott Fitzgerald si ésta hubiese sido publicada con su título original? ¿Habría sido leída? A estas preguntas dedican sus noches en vela los literatos, así como a tratar de entender los formularios de Hacienda, al hilo de lo cual, "Días ajenos" puede parecer un título poco inspirado: el tipo de frase al que un escritor escasamente competente (o una banda de pop española) recurre para dar nombre a algo en lo que no se ha detenido a pensar mucho. La razón por las que este libro de Bob Pop (Madrid, 1971) se titula así (y sólo podía tener ese título, que es perfecto) resulta evidente tan pronto como se comienza su lectura, sin embargo. Días ajenos (cuyo subtítulo es "Otoño-Invierno") es la continuación del proyecto diarístico que su autor comenzó con Días ajenos: Primavera-Verano (2017); se trata de una serie que adhiere a las principales convenciones del género (la iteración, el carácter mayormente privado de los hechos narrados, la proximidad temporal con ellos, la mezcla de relato y reflexión, el fragmentarismo), pero las subvierte de dos formas, ambas excepcionales.

La primera consiste en la incorporación de pasajes de los diarios de otros autores: la entrada del 29 de septiembre de 2017, por ejemplo, es precedida de dos fragmentos (de los diarios de Lev Tolstoi y de los de Franz Kafka) fechados ese mismo día, aunque en el primer caso, de 1889, y, en el segundo, de 1911. Ambas entradas parecen no tener una vinculación directa con el contenido de la de Bob Pop: la de Tolstoi tiene como tema la capacidad transformativa de un pensamiento y la de Kafka habla de la belleza del botón de un vestido, mientras que en la suya el autor narra esquemáticamente su primer encuentro público con David Broncano, Andreu Buenafuente, Berto Romero y Jorge Ponce, la firma del contrato para un nuevo libro y una conversación "con A." sobre el "miedo a la incertidumbre". Pero la falta de una relación directa entre las entradas citadas y la del autor otorga una enorme resonancia al texto, ya que hace posible la exploración por parte del lector de las relaciones indirectas que pudiesen existir entre todas ellas. ¿De qué forma los acontecimientos narrados en sus diarios por Tolstoi y por Kafka (sólo dos de los muchos autores de los que se incluyen aquí fragmentos) condicionan y/o resuenan en los que relata el autor en el suyo? ¿Qué vincula a todos estos asuntos aparte del hecho de que tuvieron lugar el mismo día en años muy distintos? Una y otra vez, con cada nueva entrada de este diario, se repiten la especulación y el asombro.

Pero si este libro de Bob Pop sólo podía titularse Días ajenos es también porque, en una segunda (y muy inteligente) vuelta de tuerca, el autor cita y comenta sus propios diarios, en este caso los de 2002, 2003 y 2004. Se trata de una inclusión que permite otro nivel de lectura al tiempo que hace posible recordar algunos asuntos de índole pública. Más importante todavía, la incorporación de fragmentos de ellos y su revisión por parte del autor arrojan una conclusión relevante para la forma en que leemos diarios: que su "yo" siempre "es un otro" y que los días que narran sus autores han sido vividos por otra persona, si ha pasado el tiempo suficiente.

 
Bob Pop
Días ajenos: Otoño-Invierno
Barcelona: Somos Libros, 2018

[Publicado el 28/11/2018 a las 22:45]

[Etiquetas: Bob Pop, Diarios, Somos Libros]

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Lugar común / "Su cuerpo y otras fiestas" de Carmen Maria Machado

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A la escritora que protagoniza y narra "La residente", uno de los últimos cuentos de este libro y uno de los pocos que parece inspirado en experiencias personales, el fracaso de su proyecto de novela acaba importándole menos que el encuentro "consigo misma" que experimenta en una residencia para artistas; comparte con el resto de las protagonistas y narradoras de Su cuerpo y otras fiestas el recuerdo de un acontecimiento trágico y una sensación de amenaza. El primero permanece en las sombras (de la protagonista de "Problemática en las fiestas", quien cree poder leer los pensamientos de los actores porno de las cintas que ve compulsivamente, sólo se nos dice, por ejemplo, que le han tomado declaración en un hospital y que quizás tenga que identificar a un sospechoso), pero la segunda es explícita y constituye el tema central de estos relatos: una epidemia innominada que arrasa los Estados Unidos, otra que hace que las mujeres se desmaterialicen y comiencen a flotar como espíritus (en "Las mujeres de verdad tienen cuerpo", el mejor relato del libro), otra que consiste en que una cirugía estética ejerza una influencia directa y perniciosa en la mente de la persona que se somete a ella, la amenaza de no hallar nuestro reflejo en la superficie de un lago.

Casi todos los méritos (y deméritos) de Su cuerpo y otras fiestas pueden encontrarse en el primero de los relatos del libro, en el que una mujer se niega a permitir que su marido le quite la cinta verde que lleva en el cuello al tiempo que informa a su hijo de los peligros que lo acechan de acuerdo con los mitos y las leyendas urbanas: "El punto de más" está atravesado por un humor sutil y narrado con autoridad y solvencia, pero su final es predecible (y la portada de esta edición española lo revela, por cierto), presenta una desproporción llamativa entre su extensión y lo que narra, su erotismo es torpe y está plagado de las expresiones desafortunadas en las que su autora cae cuando intenta crear una voz poética: todo es suave "como una pintura al óleo reciente", un pezón "se vuelve un nudo" en los dedos de un amante, su pene "está duro, caliente, seco y huele a pan", ella quiere enseñarle "lo que ocurre tras mis párpados hasta que me quedo dormida", etcétera.

Es posible que en la negativa de la protagonista a que le quiten la cinta del cuello (y en la forma en que explora y acepta su deseo) se ponga de manifiesto lo que algunos han llamado la manera en que Machado "muestra a las mujeres luchando por su autonomía", pero hay demasiados problemas en estos relatos (por los que su autora fue finalista de varios premios, incluyendo el prestigioso National Book Award) para pasarlos por alto. Más incluso: hay en ellos una adhesión tan absoluta a los imperativos del tipo de literatura "new weird" (una mezcla de terror y fantástico con elementos de realismo mágico y ciencia ficción) que la industria editorial publica incesantemente en nuestros días (con acierto o sin él) como "la" literatura "de mujeres" que esa adhesión (que algunos celebrarán) convierte Su cuerpo y otras fiestas en algo menos que un lugar común. Se trata de un primer libro, por lo que parece evidente que Machado los escribirá mejores en el futuro; mientras tanto, todavía están allí (afortunadamente) las voces de Margaret Atwood, Angela Carter, Shirley Jackson, Silvina Ocampo, María Luisa Bombal, Sara Gallardo, Marosa Di Giorgio, Inés Arredondo: todas ellas a la espera de ser descubiertas y/o revisitadas por el lector.

 
Carmen Maria Machado
Su cuerpo y otras fiestas
Trad. Laura Salas Rodríguez
Barcelona: Anagrama, 2018
 
 
(Babelia/El País, 22 de octubre de 2018.) 

[Publicado el 21/11/2018 a las 22:45]

[Etiquetas: Carmen Maria Machado, Cuentos, Anagrama]

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Un paisaje mental / "Cenit" de María Medem

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¿Qué es nuestra vida diurna sino el producto de nuestros sueños? Los protagonistas del nuevo cómic de María Medem (Sevilla, 1994) habitan en casas simétricamente opuestas y de una singular funcionalidad; cuando el sol se encuentra en lo más alto se reúnen a comer y a contarse los sueños; alguien pone los alimentos sobre la mesa, pero no sabemos quién: a veces alguno de los personajes despierta y descubre que ha destrozado su trabajo mientras dormía.

Aunque el sonambulismo ha sido estudiado principalmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, sus manifestaciones en el arte y en la literatura son muy anteriores. Constituye una forma de duplicidad, y en ese sentido, es singular que Medem lo utilice para hablar de algo parecido a una disolución de la conciencia, la de sus personajes. Cenit es hipnótico, con su uso de la repetición y de los colores; llevados por el sueño artificial que nos propone Medem, tardamos en comprender la inversión de las categorías que opera en su libro: lo exterior es interior, "yo es el otro", el paisaje onírico de estas páginas es mental, somos el sueño de otras personas. Pero esas personas también son producto de nuestros sueños.

 
María Medem
Cenit
Barcelona: Apa Apa, 2018

[Publicado el 15/11/2018 a las 22:44]

[Etiquetas: María Medem, Cómic, Apa Apa]

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Aquí termina la modernidad / "Lo que hicimos" de Tedi López Mills

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¿Con qué se escribe un poema? Dicho en los términos que propone la excelente poeta mexicana Tedi López Mills en este libro, ¿cómo se hace? ¿Con el ojo de un gato, un hoyo, un escalón, polvo y la cuerda de un juguete, como propone el ilustrador Alejandro Magallanes en las imágenes que acompañan el libro? ¿O más bien, y principalmente, con una voz, o dos?
 
Lo que hicimos tiene esa voz, que narra las prospecciones y los juegos de una pareja que no se define como una pareja sino como una comunidad y su existencia bajo la tutela de una mujer llamada "La Señora". Tiene también, y sobre todo, violencia: prácticas disciplinarias en el colegio, niños que arrojan piedras a los extraños, que matan animales y a otros niños, operaciones quirúrgicas cuyo propósito es incierto, maltrato verbal, paisajes urbanos destruidos, mujeres asesinadas.
 
"Cuando examino los mapas y las líneas punteadas de cada trinchera intento recordar la historia completa", se dice la narradora de estos poemas (en prosa); esa historia completa incluye también la violencia con la que se vive e inevitablemente se produce literatura en México en este momento, con la que se escriben los poemas y los grandes textos de ese país. Tedi López Mills se retrotrae a los orígenes de la modernidad al comenzar cada uno de los pasajes de este libro con una línea de las Iluminaciones de Arthur Rimbaud (López Mills las tradujo y es autora de Mi caso Rimbaud, un libro de 2016): ese experimento literario es su modo de dialogar con uno de los poetas seminales de la poesía moderna, pero también una forma de resistencia (o tal vez de nostalgia) ante el final de la modernidad, que tan evidente parece en nuestros días. Un libro magnífico.

 
Tedi López Mills (Texto) y Alejandro Magallanes (Ilustr.)
Lo que hicimos
Ciudad de México: Almadía, 2018

[Publicado el 30/10/2018 a las 10:21]

[Etiquetas: Tedi López Mills, Poesía, Almadía, Alejandro Magallanes]

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Toda historia de amor es una criptografía / "El libro de Tamar" de Tamara Kamenszain

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"Yo esperaba de mi exmarido algún mensaje contundente del tipo ‘te extraño', ‘volvamos', ‘estoy dispuesto a cambiar'", admite Tamara Kamenszain; sin embargo, lo que obtuvo en su lugar fue un pequeño lipograma, un anagrama basado en su nombre en hebreo cuyo autor (Héctor Libertella, el escritor argentino muerto en 2006 que fue su pareja durante largos años), habla de atar ramas, armar tramas y matar ratas.

Kamenszain nació en Buenos Aires en 1947 y es una de las voces más reconocidas (y reconocibles) de la poesía argentina de las últimas décadas, así como una ensayista premiada y traducida. En El libro de Tamar conjura otras parejas de escritores (algunas próximas, como la de Ricardo Piglia y Josefina Ludmer, y otras más distantes, como los matrimonios entre Ted Hughes y Sylvia Plath y Julia Kristeva y Philipe Sollers) para dar cuenta de la especificidad de un tipo de vínculo en el que el amor (entre escritores) es también un ejercicio de crítica literaria, pero también para comprender un mensaje que en su momento pasó por alto y que tal vez fuera el que ella había esperado. Por estas páginas desfilan María Moreno y Sharon Olds, Osvaldo Lamborghini, Mark Strand, Philip Roth y César Aira. Kamenszain recorta una experiencia en la que confluyen el interés por el tango y la reescritura, la "pasarela del alcohol" y toda una sociabilidad literaria que es, vista desde la perspectiva de quienes pertenecemos a una promoción de escritores argentinos posterior a la suya, también, y sobre todo, un retrato generacional. Al hacerlo da cuenta de una deriva que ha llevado a los autores de su generación del hermetismo textualista en el que el "yo" era concebido como una ficción hasta una literatura confesional de la que El libro de Tamar es un magnífico ejemplo. Y pone de manifiesto algo bien conocido por algunos: que toda historia de amor es principalmente, y para los demás (aunque también para sus protagonistas, en ocasiones), una criptografía.

 

Tamara Kamenszain

El libro de Tamar

Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2018

[Publicado el 17/10/2018 a las 18:55]

[Etiquetas: Tamara Kamenszain, Ensayo, Eterna Cadencia]

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El filósofo alemán Robert Pfaller explica las luchas por la identidad / Una entrevista

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Uno tiene la impresión de que los problemas globales o la tremenda desigualdad social existente son menos discutidos y abordados políticamente que asuntos que se le subordinan como la obsesión de la derecha por el tema de los refugiados y el fetiche de la "identidad" entre la izquierda.

Bueno, la política del "neoliberalismo progresista", como la ha llamado la filósofa Nancy Fraser, ha consistido siempre en "culturalizar" los problemas económicos y políticos. De allí se deriva la estupidez (o más bien la infamia) de la "izquierda" políticamente correcta: económicamente, esta izquierda socialdemócrata se ha despedido hace tiempo de su keynesianismo, que trajo prosperidad y un desarrollo progresivo hacia una mayor igualdad social en las primeras décadas de posguerra. Al igual que la derecha, o incluso peor que ella, la izquierda persigue ahora la privatización de los servicios públicos, los recortes en el sistema social y la subordinación a criterios propios del sector privado de áreas [...] como la educación, la atención a la vejez o la salud.

Para al menos diferenciarse de la derecha en algo, sin embargo, la izquierda trata de establecer hitos simbólicos en el ámbito del lenguaje, la cultura o el estilo de vida. En lugar de hablar de igualdad de oportunidades, habla de "diversidad"; en vez de hablar de impuestos progresivos a las grandes empresas, habla de educar a la ciudadanía para llamar de otra forma a los grupos étnicos; y en lugar de mejores servicios de guardería, les da a las personas el lenguaje inclusivo o la estrellita para que ninguna identidad u orientación sexual se sienta excluida.

[...]

Las mayorías empobrecidas han percibido más rápido que las élites que algo olía mal en todo esto y a continuación han vuelto su justificado disgusto contra todos estos programas de la "izquierda cultural". Al mismo tiempo, aquellos que han continuado adhiriendo a tales medidas de encubrimiento cultural (por lo general más obstinadamente cuanto más infructuosamente lo hacían) se han revelado como los beneficiarios del crecimiento de la desigualdad en curso. Y lo que pretendía ser el "reconocimiento" de ciertos grupos marginales se ha convertido en realidad (cada vez más) en un arma para el desclasamiento de otros: utilizando el lenguaje "inclusivo", ciertas "palabras clave" o abreviaturas como "LGTBQ+" una persona puede demostrar que es mejor que otra, al tiempo que aquellos que, por su parte, no saben cómo pagar el alquiler, un tratamiento dental o la excursión escolar de sus hijos, y a los que las cuestiones de género no les parecen prioridades urgentes, suman a los problemas relacionados con su declive económico la posibilidad de ser difamados convenientemente como racistas, sexistas, islamófobos o similares.

[...]

Por un lado, el tono se está volviendo cada vez más áspero, por ejemplo en los debates políticos. Por otro, las personas exhiben una sensibilidad cada vez más demencial. ¿A qué se debe?

La creciente sensibilidad es un efecto de la política neoliberal y de la propaganda postmoderna de las políticas de la identidad que la acompaña. Las personas que pierden sus oportunidades de futuro debido a la redistribución económica están empezando a pensar más en sus orígenes: si ya no pueden convertirse en nada interesante esperan ser al menos algo valioso, algo vulnerable. Y el neoliberalismo los anima, las alienta a utilizar sus sensibles identidades como "capital humano". Hoy en día se requiere que todos reflexionen acerca de si tienen algún defecto que puedan usar como ventaja comparativa para imponerse a sus competidores. Esta lucha por quién tiene mayor derecho a la sensibilidad es despiadada, como corresponde a su naturaleza.

Otro concepto clave es "autenticidad". La demanda de ella va tan lejos que las escuelas de teatro exigen últimamente que sólo se permita actuar de discapacitado a personas discapacitadas. Hay esta compulsión de ser tú mismo todo el tiempo.

Espero con curiosidad el momento en que, en el teatro, los nazis sólo puedan ser interpretados por nazis de verdad. Es evidente que estas luchas no tienen que ver con la autenticidad, sino con el acceso a empleos y recursos. En ese marco, cualquier argumento vale, aun los más absurdos, e incluso si destruye todo lo que constituye el arte.

[...]

 
En
"Wo Wir falsch liegen?"
Entrevista, Oliver Gehrs
Dummy Magazine 60 (Dummheit)
Septiembre de 2018
(Mi traducción)

[Publicado el 10/10/2018 a las 19:30]

[Etiquetas: Citas, Robert Pfaller]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990- 2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán, portugués y chino, Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016), Premio "Alcides Greca" de Novela de 2017, y del ensayo El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura (2014), al igual que del libro para niños Caminando bajo el mar, colgando del amplio cielo (2017). Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Más recientemente ha recibido el Premio Cálamo Extraordinario 2016 por el conjunto de su obra. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania) y vive en Madrid. Su libro más reciente es Lo que está y no se usa nos fulminará (2018).

 

 

Bibliografía

 
 
 
 
 
 

 
 

 

Ficción

Lo que está y no se usa nos fulminará. Barcelona: Literatura Random House, 2017. 

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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