PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra game đánh bài online đổi tiền mặt.

Cerrar

nhà cái tặng tiền miễn phí _cá cược bóng đá hợp pháp_chơi baccarat như thế nào

El blog literario latinoamericano

sábado, 26 de enero de 2019

 Blog de Víctor Gómez Pin

Tras la Física Jónica y la Física Cuántica:

NACIMIENTO Y RENACIMIENTO DE LA METAFÍSICA 

Vuelvo hoy a la consideración de un célebre fragmento  atribuido por  Galeno a Demócrito, del cual ya me he ocupado aquí en varias ocasiones y  que nos presenta el conflicto entre el intelecto y los sentidos: "Por mera convención nos referimos al color, y también por convención hablamos de  lo dulce, por convención asimismo nos referimos a  lo amargo; en realidad sólo hay átomos y vacío" afirma el intelecto. Mas al escuchar  tal cosa los sentidos (aistheseis) responden al intelecto: "Pobre intelecto, pretendes vencernos a nosotros que somos las fuentes de tus evidencias. Tu victoria será tu derrota".

Así pues, frente al  intelecto  que considera como lo único real en la naturaleza algo tan  inasible  para los sentidos como los átomos y el vacío, los sentidos denuncian el círculo vicioso consistente en que  son ellos la única fuente de la cual extrae el intelecto sus evidencias...Doy ahora un salto en los siglos:

 En 1930, el físico von Neumann confrontado al  problema estrictamente técnico de discernir  qué caracteriza a un proceso de medida cuántica, y en que se distingue de un proceso de medida física clásica, abrió camino a considerar la hipótesis de que  en última instancia sólo la  conciencia del observador era garante del resultado final  en una observación cuántica. La tesis fue ulteriormente defendida de manera explícita por otros físicos que en estas columnas tendré quizás ocasión de mencionar: la conciencia del observador  no puede ser tratada como un objeto físico más, por ejemplo un aparato que indicara el resultado de la medición.

Desde la perspectiva de la filosofía un problema no menor que esto plantea es el recurso al término conciencia, excesivamente cargado de connotaciones y que no es seguro que en el proceso de conocimiento juegue siempre ese papel  central que casi espontáneamente tendemos a atribuirle ( ya he tenido aquí ocasión de señalar que, es como mínimo abusivo identificar el "je pense" de Descartes a  la conciencia, término que no juega ningún papel relevante ni en el Discurso del Método ni en las Meditaciones).  Para ahorrarnos ahora una discusión al respecto propongo soslayar  el término "conciencia"  para referirse a ese testigo privilegiado de una medida, sustituyéndolo por el mucho más genérico de "sujeto de lenguaje".

Pero la facultad de lenguaje no es angélica, no funciona con independencia de otras facultades en primer lugar la capacidad de percepción sensible, que también tendría algo a reivindicar a la hora de dar cuenta de los procesos de medida, por lo que no andamos en el problema demasiado lejos del fragmento considerado de Galeno-Demócrito. También los físicos cuánticos son conducidos, por coherencia con su propia investigación estrictamente científica,  a ese salto a la meta-física consistente en desplazar la interrogación hacia el testigo.  Abocado está hoy el físico a hacer suyo  el problema el  del texto de Galeno como  abocado está a hacer suya la cuestión trascendental de la Crítica de la Razón Pura; está pasando de la reflexión inmediata sobre la naturaleza a una reflexión sobre el ser que reflexiona. Y al respecto una paradoja:

Es muy fácil determinar la secuencia de momentos que en el caso de los físicos conduce al salto filosófico (tras las aporías a las que se enfrentan los Bohr, Heisenberg y Schrödinger,  reflexiones de Friz London y Edmond Bauer en los años 40, de Eugene Wigner en los 60  y ulteriormente la casuística respecto a las implicaciones del teorema de Bell y del experimento de Aspect, etcétera).  Los físicos del siglo XX  ciertamente  se bifurcaron entre los que no veían la necesidad de ir más allá en esta inserción en el terreno de la metafísica y los que sí dieron el paso. Y en esas estamos...Los físicos que dieron el salto hubieran podido dudar de entrar en ese mundo de larvas; no dudaron.  En todo caso tras el teorema de Bell y el experimento de Aspect, evitar la cuestión meta-física  hubiera supuesto casi ya una deserción.

 Quizás es más difícil determina  determinar con precisión cuáles son los problemas análogos en el caso de los jónicos. ¿Qué paso en Jonia para que los que avanzan hipótesis  que darían cuenta de la physis (pese a las apariencias todo es agua- Tales- o bien todo es proceso de condensación-rarefacción-Anaxímenes- o de átomos?) pasen a hurgar en las potencialidades del raro animal que avanza tales conjeturas?  ¿Qué paso en suma para que de buscar la razón de los fenómenos se pase a preguntarse si legisla el intelecto o legisla la facultad de percepción sensible?  ¿Qué paso, en suma para que tras haberse dado la concepción de la physis que hace posible la física, los pioneros de tal disciplina den pos sí mismos el paso a la metafísica?

 

[Publicado el 19/4/2016 a las 09:00]

[Enlace permanente] [3 comentarios]

Compartir:

La potencia emocional de las crisis teóricas

Como las orteguianas  ideas que somos, las ideas que dan soporte al pensamiento,  los principios ontológicos de base,  no son por definición pensados o sometidos a juicio...hasta que algún tipo de conmoción en el conjunto de lo sustentado en ellos, algún tipo de  fallo en la previsible sucesión de los fenómenos o de contradicción en la descripción de los mismos, sea  esta  descripción ingenua o científica, hace que sintamos la imperativa  necesidad de volcarnos sobre tales  principios, de convertirlos en objeto de reflexión y  juicio. El ejemplo standard es el cúmulo de aspectos conflictivos en el seno de la física que condujeron a Einstein a forjar una teoría que hacía recuperar la consistencia de la disciplina... al precio de repudiar como si se tratase de meros prejuicios las nociones establecidas de Tiempo y Espacio. Pero con la física cuántica  lo que está en entredicho es algo aun mucho más básico o cimentador, de ahí que esta disciplina despierte una potencia emocional, inesperada tratándose de cuestiones en la frontera de la física y la metafísica. .

Un físico  británico ya evocado en estas columnas  enfatiza el hecho de que las aporías cuánticas  conducen  casi inevitablemente a considerar  la hipótesis de que las "verdades" que creemos ser la referencia de nuestras construcciones no sólo podrían ser fruto de esas mismas construcciones, sino que precisamente  por ello  pueden llegar a erigirse en causas cargadas de peso dogmático: "La interpretación de la teoría cuántica es un poderoso ejemplo de este fenómeno: no es inusual encontrar un físico o filósofo de la ciencia, defendiendo una posición específica con tal fervor y pasión que ultra-pasa con mucho el grado de emoción asociado normalmente con las creencias científicas: en efecto, a veces se diría que su propia existencia dependiera de los resultados del debate." (1)

La potencia emocional a la que se refiere este texto explica en parte la virulencia con la que, desde Einstein al matemático René Thom,  se han criticado las implicaciones filosóficas de la interpretación standard de la física cuántica. Pero ciertamente  no sólo en las controversias relativas a la física cuántica se pone de relieve este compromiso pasional de la subjetividad:

Me refería  hace un momento  al cuestionamiento por  la  teoría de la relatividad de la convicción anclada según la cual las cosas materiales se inscriben en un espacio que  cuya interna estructura respondería a la geometría que hemos aprendido en la escuela. Así pues considerar que el espacio newtoniano  no es en absoluto la condición de las realidades físicas equivale a decir que la geometría euclidiana carece de objetividad. Asunto tremendo que conmocionó tanto a filósofo como a literatos del que ya me he ocupado hace años  en un largo artículo  del que retomo aquí la idea central.

Los lectores de Descartes recordarán que, por ser todopoderoso,  el dios del Discurso del Método, podría hacer que fuera falaz la geometría euclidiana, de tal manera que  Cartesio se vería abocado a conformarse con la certeza solipsista de ser "una cosa que piensa". Y sin embargo hay otra perspectiva, en la que la geometría euclidiana no es aquello que Dios pueda vencer, sino más bien la expresión de la ley que él nos ha impuesto. En su excelente libro Ideas de Espacio, Jeremy Gray nos recuerda que en boca de Ivan  Karamazov (dirigiéndose a su hermano Alyosha, poco antes de que surja la figura del Gran Inquisidor) hay un literario eco de estas diatribas. Dostoievsky escribe en un momento en que, tras los trabajos de Lobachevsky, Bolyai y Riemann, se sabía la perfecta consistencia de una geometría en la que los tres ángulos de un triángulo miden otra cosa que dos rectos y, sobretodo, se barruntaba que la misma podía ser la base de esa cosmología que, con la Relatividad General, llegaría a subvertir radicalmente los conceptos de tiempo y espacio:

"Si Dios realmente existe y realmente ha creado el mundo, entonces, como todos sabemos, lo creó de acuerdo con la geometría euclidiana, y creó la mente humana capaz de concebir sólo tres dimensiones del espacio. Y sin embargo ha habido, y hay todavía, matemáticos y filósofos, algunos de ellos hombres de extraordinario talento, que dudan de que el universo haya sido creado de acuerdo con la geometría euclidiana".

Quizás no sea ocioso señalar que, en el texto, la problemática trasciende lo científico y lo gnoseológico, para adentrarse en el orden de la rebeldía y la aspiración a la libertad:

"... no acepto el mundo de Dios... estoy tan convencido como un niño de que las heridas curarán y las cicatrices desaparecerán, convencido de que el repugnante y cómico espectáculo de las contradicciones humanas se desvanecerá como un lastimoso espejismo, como una horrible y odiosa invención de la débil e infinitamente insignificante mente euclidiana del hombre".

Dios parece hallarse no sólo en todas partes, sino también agazapado tras los más dispares problemas. El Dios que aquí irrita a Karamazov es un Dios, por así decirlo, convencional, y hasta conservador: el Dios que efectuaría su acto de creación obedeciendo principios lógicos y topológicos inscritos desde la eternidad en su espíritu, y de cuya trascripción física Newton sería algo así como el notario. La moraleja de este asunto es que el colapso de las leyes geométricas que hemos aprendido en nuestros años escolares ni siquiera sería síntoma de la toda potencia de un Dios amante de las paradojas, sino de la insuficiencia de nuestra concepción de su poder. No, al dudar de que las leyes topológicas que hasta entonces había asumido pudieran ser falaces, Descartes no había topado aún con el maligno... éste espera quizás en otra parte. Cuando el pensamiento ha integrado en sus estructuras básicas  el legado relativista (relatividad de espacio y tiempo, carencia de realidad física de la geometría euclidiana), entonces un reto aun  más radical,  un enigma más profundo  le espera en la esquina: puesta en tela de juicio de los principios configuradores de nuestra representación de la naturaleza, destrucción de los trascendentales.

 


(1) C. J. Isham   Quantum Theory Imperial College Press 1995 . Reprinted 2008 p.66

     

[Publicado el 12/4/2016 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Tras la física jónica y la física del siglo XX

Decir que una renovada metafísica se fragua en la primera mitad  del siglo XX como consecuencia de la constatación de un naufragio en los principios ontológicos que sustentaban  la concepción general de la naturaleza (y que siguen sustentando nuestra relación cotidiana con la misma),  no significa que se empieza entonces a elaborar  una tabla de principios alternativos. Pues una cosa es, por ejemplo, decir que no rige el principio de localidad y otra muy diferente  erigir  en base a tal ausencia un  principio alternativo. En la no localidad, prima simplemente el no. Que el comportamiento de las partículas elementales violente el principio de localidad  en absoluto supone que un tipo de necesidad natural sustitutiva de tal principio rige en el mundo. En la physis respecto a la cual cabe hablar de necesidad, la physis que determina exhaustivamente  el ser de las cosas y doblega el instinto de las bestias... la localidad impera. Si hay excepción hemos abandonado esta physis, hemos abandonado la determinación de la misma que rige  al menos desde Aristóteles, aunque  con matriz en los pensadores jónicos,  por lo cual estaríamos en todo caso retornando  (pura hipótesis) a una vivencia realmente arcaica.

Sin duda cabe una posición menos radical consistente en  sostener que la caída de la localidad no conlleva la del resto de principios ontológicos, por lo que nuestra concepción de la physis  sólo parcialmente debería ser modificada.  Determinar hasta qué punto esta posición es sostenible, determinar en qué medida  el destronamiento de la localidad deja incólume parte de lo establecido en la tabla de principios, supone de entrada un ejercicio técnico (casi  aquello que un pianista llamaría musculatura)  lo cual no debe hacer olvidar el objetivo final, filosófico precisamente porque va más allá de esa pericia. Recordaré al respecto la tesis que soporta estas notas: lejos de lo que Auguste Comte indicaba la filosofía no es una etapa adolescente que precede a la ciencia y concretamente a la ciencia de la naturaleza; la filosofía nace precisamente de la ciencia como resultado de que esta se ve confrontada a aporías que ponen en tela de juicio el presupuesto de que la necesidad natural es ajena a la percepción que el hombre tiene de la necesidad natural. Eso ocurrió tras  la física jónica y vuelve  a ocurrir de nuevo tras la física del siglo XX.

[Publicado el 05/4/2016 a las 09:00]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Física experimental, física que da razón, meta-física.

Se quejaba Newton de no haber logrado deducir de los fenómenos  la razón o causa de la gravedad. Ello no le impide describir matemáticamente los fenómenos gravitatorios y efectuar una generalización por inducción a la que, para gran escándalo de algunos, califica de Filosofía, aunque añade la coletilla experimental,  es decir, filosofía natural experimental y que no es otra cosa que una física experimental.

Una parte del trabajo de la física consiste en efecto en   una descripción genérica de fenómenos, es decir generalización de lo reiteradamente  constatado, que una vez formalizada e inserta  en un conjunto consistente vienen a formar parte de  una teoría. En función de esta teoría la física hace previsiones relativas a lo que puede acontecer. Ejemplo canónico: mediante generalización por inducción,  Newton concluye que los cuerpos carentes de soporte en el entorno de la Tierra se aproximan a la misma de tal suerte que en un primer segundo recorren 9.83 metros,  en el segundo posterior doblan ese recorrido, en el tercero tres veces,  y generalizando: cada segundo incrementan su velocidad en una magnitud de  9.83 metros por segundo.  Erigido este comportamiento en regla de los graves en torno a la Tierra podemos efectuar una previsión sobre el lugar en el que se hallará por ejemplo dentro de cinco segundos   un cuerpo que ahora abandonamos en "libre" caída. Esta generalización a partir de la experiencia era al decir de Newton suficiente para esa  "filosofía experimental" a la que se refería.

Ya he indicado que Newton soslayó la   pregunta fronteriza sobre  la causa o razón que mueve a los graves a ser tales, y además a serlo  con tal determinación precisa (9.83 metros por segundo cada segundo). La renuncia de Newton a incluir tal interrogación en el compendio de la ciencia física, suponía de facto soslayar la aporía siguiente: la gravedad newtoniana parecía dar testimonio de la existencia de una fuerza que opera en la distancia...contrariamente a lo que por doquier se muestra como condición de posibilidad de que se ejerza una fuerza.

Pues como bien constatamos en la relación cotidiana con las cosas del entorno, la influencia de un objeto A sobre un objeto B, o bien se efectúa por directo contacto de A sobre B, o por contacto con una tercera entidad  C que a su vez está en contacto con B. No sólo constatamos esto una y otra vez,  sino que hemos generalizado tal constatación hasta el punto de vivir como si se tratara de un principio general de la naturaleza, un principio que no hay que explicar sino que sería presupuesto no susceptible de ser puesto en tela de juicio por explicación alguna.

Vemos pues que si Newton se hubiera decididamente abierto a la interrogación sobre la  sorprendente  caída de los graves ello le hubiera conducido a interrogarse sobre la legitimidad  del principio por el cual estamos seguros de que (salvo las artes de un mago) no se conseguirá que lo que acontece en la distancia nos afecte directamente  (es decir sin la mediación temporal exigida por las cosas que se interponen entre nosotros y lo que pretende afectarnos). Si no hubiera renunciado a explorar el curioso fenómeno de la aparente acción a distancia con el tremendo argumento de que la ciencia natural no exige aventurar conjeturas al respecto (Hypothesis non fingo), Newton se hubiera en suma visto obligado a enfrentarse al problema de la universalidad de un postulado o presupuesto que rige nuestro lazo cotidiano con el entorno natural. Y haciendo tal cosa no sólo hubiera respondido mayormente a su condición de físico sino que (por el hecho mismo de haberse enfrentado a los presupuestos de la física) hubiera devenido metafísico.  

Hay aquí como una especie de paradoja: al no interrogarse sobre un caso de aparente acción a distancia, al soslayar el problema de la "razón de la gravedad",  Newton está fallando a la exigencia de inteligibilidad que es la marca misma de la ciencia. Renuncia... a su pesar (como lo muestran múltiples textos en los que se queja de su impotencia), pero renuncia fin y al cabo, es decir: lo que él llama "filosofía experimental", que se satisface  con la generalización por inducción, no es propiamente esa filosofía natural que se confunde con la física, la cual,  en palabras de Leibniz,  "busca siempre la razón". Pero como aquí vengo mostrando el término filosofía es  equívoco y de hecho en tiene arranque allí mismo dónde la física encuentra una aporía que le hace reflexionar sobre sus propios cimientos. En síntesis:

1)La física da por supuesto la exigencia de un principio  de continuidad-localidad que excluye la acción a distancia y otorga inteligibilidad a los fenómenos, mostrando que obedecen al mismo. Tal cosa ocurre con todos y cada uno de los principios ontológicos. La filosofía no puede ser meramente experimental porque entre su vocación está el escarbar en  los cimientos que sustentan  toda experimentación posible. Estos cimientos son los principios ontológicos asumidos por el físico y van incluso más allá  incluyendo   también los relativos a la matemática, como por ejemplo el principio de no contradicción, axioma fundamental de esta disciplina, pero del cual el matemático jamás se ocupa explícitamente (salvo para denunciar que algo lo contradice), dejando tal tarea para el filósofo

2) La física entra en crisis cuando el principio de contigüidad- localidad  (o cualquier otro de los principios ontológicos) parece fallar. En el caso de la gravitación newtoniana se trataba sólo de un fallo aparente (que la teoría del campo gravitatorio o las ondas gravitatorias de Einstein vendrá a superar). Es decir, el problema es resuelto por la propia física.

3. En ocasiones se dan fenómenos (así el comportamiento de los fotones en el experimento de Aspect) en los que indiscutiblemente queda en entredicho que la localidad sea un principio ontológico universal, es decir algo a lo que la naturaleza necesariamente obedece. Es entonces cuando el físico se ve conducido a hacer inmersión en sus cimientos, forzado a pensar la localidad (como Aristóteles pensaba el "principio más firme", es decir el principio de contradicción que el matemático asumía sin reflexión); es entonces cuando el físico se hace metafísico. 

 Por el hecho mismo  de intentar explicitar los principios rectores del orden natural,  de intentar  ponerlos sobre la mesa, la disposición del físico ha cambiado, ha tomado una distancia sobre su propio quehacer, ha traspasado hacia la filosofía: aun escrupulosamente  respetuoso  de la física, y  estudioso de esta disciplina, no se contenta ya con la tarea de la física.

Pues la mera la descripción,  archivo y racional intelección de los fenómenos físicos de no exige en absoluto abordar la cuestión de las evidencias y principios fundamentales que posibilitan todo lo anterior. Basta con someterse a los mismos y repudiar toda conjetura que los contradiga.

[Publicado el 29/3/2016 a las 16:34]

game đánh bài online đổi tiền mặt[Enlace permanente] [2 comentarios]

Compartir:

Laboratorio del físico…antesala del filósofo (cuando la ciencia misma apela a otro discurso).

La legitimidad de la filosofía reposa en el hecho mismo de que, tras la ciencia, hay aun pensamiento, de que la búsqueda de la  inteligibilidad no es el objetivo último y en consecuencia tras su eventual logro no se cierra el discurso. Desde luego hay que hacer el entorno inteligible, hay que hacer  inteligible incluso el espacio y el tiempo, pero hay sobre todo que sumergirse en aquello en lo que encuentra sentido el espacio y el tiempo mismos.  Si no un programa por etapas, sí   hay al menos un espectro de temas  para la  filosofía, y  la mera disposición a ocuparse  de los mismos es una respuesta positiva a la exigencia de Aristóteles.

Espectro que recoge, en lo que hay de esencial, la exploración de la physis elemental, el trabajo de archivo, descripción y previsión que hacen los físicos, pero no para detenerse en el mismo,  sino como indispensable peldaño para el abordaje de aquello en lo que tal exploración reposa, y que no anda lejos de lo que hace la singular physis del hombre, a saber, el lenguaje y sus categorías, los múltiples modos de decir el ser.  Y bienvenido es el hecho de que sean los propios físicos quienes,  desconcertados   por las aporías que encuentran en su trabajo, nos inviten a retomar la disposición aristotélica a la que  en potencia responde todo humano.

Ciertos problemas técnicos de enormes implicaciones teoréticas sólo pueden de entrada  ser abordados por el físico. Pero el meta-físico debe estar muy pendiente de las respuestas  del anterior,  pues es  en base a las mismas que irá trazando un camino en su propia  interrogación. Y el estar pendiente no quiere decir aceptar pasivamente la palabra del físico, sino seguirle en sus conjeturas y experimentos. El laboratorio del físico es asimismo la antesala del filósofo  y los protocolos en los que el primero recoge sus experimentos son  algo así como la provisión de base en las alforjas del segundo.

[Publicado el 16/2/2016 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

¿Qué añadir a la información y a la inteligibilidad?

La filosofía no es desde luego (al menos, eso no es  en ella lo esencial) un pensar que, como el del poeta, explora las  potencialidades y recursos que el lenguaje tiene con vistas a su propia recreación. Pero ya he reivindicado la tesis de que  la filosofía no es tampoco el pensar de la ciencia. Esta imposibilidad de encasillar la filosofía como una modalidad particular de  la manera de hacer de los científicos,  supone que en la distribución administrativa de la universidad la filosofía  no puede ser una facultad paralela a la facultad de biología o de física, asunto considerado por Kant en su Conflicto de las Facultades.

Simplemente la filosofía no es  ciencia. Y sin embargo la filosofía va tras (con todo el equívoco de la expresión)  la ciencia. Su pensar es un pensar que sigue en el tiempo al pensar de la ciencia y desde luego extrae toda la savia del mismo, pero también la filosofía está detrás de la ciencia dándole quizás soporte. La filosofía en todo caso, para tener legitimidad,  ha de añadir algo a la ciencia, ha de decir cosas que la ciencia no dice. ¿Qué añade o dice pues? La respuesta sólo puede venir del énfasis en la intención. Se trata ciertamente de conocimiento, y de conocimiento riguroso, y por eso la ciencia es la base, pero se trata asimismo de algo más. Pero, ¿en qué consiste ese algo? ¿Qué añadir  cuando ya está resuelto  el problema de la indispensable información (científica pero también filológica e histórica a fin de poder interpretar textos e insertarlos en contextos) y ha sido planteado el eventual problema de evaluación e interpretación de dicha información en el seno mismo de la ciencia? ¿Qué hace en suma  el meta-físico?

El problema del vacío se plantea no sólo al narrador  sino también al filósofo. La recurrida metáfora de la página en blanco no remite a una ausencia  de contenido, sino a la cuestión de la nota diferencial que, sin añadir dato alguno, trasmuta este contenido.  ¿Por qué el Aristóteles que se interroga sobre la diferencia que hace la singularidad humana en el seno de la animalidad,  manejando al respeto  todos los datos que podía almacenar el conocimiento de su época, no es sin embargo simplemente el primer biólogo sino el primer (y quizás principal ) pensador de la vida, y aun de la vida hecha palabra? ¿Por qué el Aristóteles que como todos los astrónomos de la historia  hace conjeturas (afortunadas o no) sobre esferas que podrían eventualmente explicar los fenómenos astrales, constatados una y otra vez, es algo más que un astrónomo?  ¿Por qué el Aristóteles que intenta (de nuevo con mayor o menor fortuna) utilizar las propiedades intrínsecas de los entonces considerados elementos, a fin de explicar el comportamiento de la physis, es algo más que un físico?  ¿Por qué en suma es Aristóteles El filósofo? La respuesta no es obvia y de alguna manera la historia misma de la filosofía es en gran parte una tentativa de encontrarla.

[Publicado el 09/2/2016 a las 09:00]

[Enlace permanente] [2 comentarios]

Compartir:

La interrogación sobre el paso de la ciencia a la filosofía

Vuelvo ahora al tema evocado en una columna anterior sobre el nacimiento en Jonia tanto de la ciencia como de la filosofía. Leyendo a  autores eminentes (algunos ya citados), que se acercan al asunto desde la historiografía filosófica,  pero a veces también desde la ciencia,  se tiene la impresión que explican  más bien el nacimiento de la ciencia que el nacimiento de la filosofía. En otros términos: parece relativamente fácil distinguir la reflexión sobre la naturaleza que llevan a cabo los pensadores jónicos (y que tiene los rasgos esenciales de lo que nosotros llamamos ciencia), no sólo de otras formas de aproximación a la naturaleza, sino incluso de otras formas de conocimiento de la misma, a saber  las  que se darían en Egipto, China o Mesopotamia. Pero entra la sospecha de que  no llegamos a saber muy bien en qué consiste la filosofía.

El entendimiento humano, a través de la comparación, el juicio,  la deducción, la inducción y el silogismo  conceptualiza las cosas del mundo, y  gracias a ello puede eventualmente modificarlas, forjando  tanto  las técnicas necesarias a la subsistencia, como  las  que tienen como objeto el confort o la belleza, es decir,  tanto lo que  nosotros llamamos  técnica como  lo que nosotros llamamos arte (designadas en Griego por la misma palabra, techne). Una interrogación determinada por exigencias  prácticas puede dar lugar a conocimientos sofisticadísimos, de los cuales las técnicas de agrimensura en Babilonia o en Egipcio son una expresión cabal.

Pero en cualquier caso es una tesis ampliamente aceptada (aunque genere reacciones  cuando es llevada a extremos) que en Jonia se fragua una de las más singulares peripecias de la razón humana, a saber, simplemente la conversión de interrogaciones vinculadas a las mencionadas  exigencias prácticas, en interrogaciones liberadas de toda función, cuya eventual respuesta podía tan sólo satisfacer al espíritu.

Y se añade que  sólo en este paso a una interrogación que no tendría otro objetivo que la mera inteligibilidad, el entender por el hecho de entender, cabría ver  el origen mismo de la ciencia,  tal como la palabra resuena en boca de científicos que se reconocen  en la  disposición de espíritu de los pensadores jónicos, forjadores de  hipótesis que de entrada, sólo podrían despertar el escepticismo de sus contemporáneos. Por el carácter desinteresado de esta etapa, el entendimiento tiende a concebir la esencia y el comportamiento de cosas que, como los astros,  no son susceptibles de ser modificadas por la técnica, ni de ser puestas a nuestro servicio, separando así lo que es un abordaje técnico de un abordaje que cabe llamar científico, el cual puede entonces extenderse a cosas  que sí podrían ser útiles pero que en la nueva disposición de espíritu son contempladas bajo otro prisma.

Así Tales habría tenido razones muy serias para sostener  que tras la aparente diversidad de los fenómenos hay un elemento común, que él denomina agua. Y tal sería el caso de  Anaxímenes cuando reduce las apariencias a fenómenos de condensación o de rarefacción de otro elemento primordial. En la actitud de ambos puede el científico de nuestro tiempo encontrar analogías con su propio proceder.

Pero con el esfuerzo de estos pensadores  prístinos se está asimismo fraguando en  Asia Menor  una vía que, dispersándose por la  Italia meridional o Tracia, acabará confluyendo en Atenas, y que constituye algo realmente sin precedentes, a saber,  la filosofía, la cual es ante todo expresión de que el intelecto humano no se conforma. Esta no conformidad puede esquemáticamente reflejarse como exigencia de una actividad del intelecto irreductible tanto a la disposición del hombre de arte, el technites como del físico, aunque tenga en la misma el arranque.

Pues un momento esencial de la segunda  etapa, la ciencia, es que  el entendimiento se apercibe de lo poco de fiar que, en ocasiones, son los sentidos  como testigos de la naturaleza,  y en consecuencia repara en su propio papel en las actividades anteriores, dando cabida a la idea de que este papel no es quizás despreciable. Se abre así la posibilidad de una  auténtica  inversión de jerarquía: lejos de que el intelecto sea mero reflejo de las propiedades de  las cosas conducidas hacia él a través de los sentidos, sería quizás el intelecto quien, al menos parcialmente, determinaría las auténticas propiedades.

[Publicado el 02/2/2016 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Lo que supone que el saber exija tiempo

Los  años (digo bien años) que exige, mero ejemplo,  la inmersión en la Ciencia de la Lógica de Hegel  equivalen al periodo  de formación de un físico o un biólogo. De ello son bien conscientes los científicos que se acercan a la filosofía, imposibilitados de arrancar a sus investigaciones específicas ese tiempo empírico que la filosofía exige. Obviamente, la recíproca es cierta: el que lucha simplemente  por seguir a Kant en los meandros  de su triple Crítica, sabe que tal perseverancia supondrá probablemente  la  renuncia a integrarse en un laboratorio a fin de aprehender de manera concreta el enorme enigma ontológico que suponen dos fotones en situación de entrelazamiento (es decir para los cuales existe una fórmula identificadora de la pareja que forman, pero no una fórmula identificadora de su individualidad). Pues una cosa es entender el proceso simbólicamente, es decir matemáticamente, cosa a la que el filósofo de formación puede acceder perfectamente, y otra es percibir que efectivamente la naturaleza posibilita tal sorprendente comportamiento.

Y sin embargo, el esfuerzo del filósofo por no ignorar lo esencial de la ciencia responde a un imperativo de la filosofía misma, el cual exige  un esfuerzo que puede llegar a ser baldío. Pues  el filósofo ha de luchar contra la dificultad empírica, marcada de entrada por la limitación de tiempo, pero también contra la pluralidad de modos de simbolización que la diversidad de las ciencias exige.

Y luchará desde luego contra el olvido; luchará  contra esa devastación que constituye para los símbolos y conceptos tan duramente conquistados  la inmersión hacia el centro de gravedad de una suerte de pantano del cual sólo con un esfuerzo aun mayor pueden a veces ser rescatados; ese olvido contra el que se debatía la Emilie du Châtelet de Kaija Saariaho, de la que me ocupaba aquí hace unos meses. Transcribo las frases (con alternancia de lenguas) que el libretista del mono-drama de Saariaho pone en boca de la protagonista :  "Les couleurs me manquent déjà,/ I already miss the colours,/ I miss the dreams, /I miss the dreams,/ I miss the dreams,/ Les rêves me manquent, manquent, /La vie me manque, Et je redoute de sombrer/ Sombrer avec livre et enfant/Dans le vertige de l'inconscience,/ Dans le vertige,/ Dans le puits de l'oubli. (Hecho ya de menos los colores. Ya he perdido los colores. He perdido los sueños. He perdido los sueños. He perdido los sueños. Hecho de menos los sueños. Hecho de menos la vida. Y tengo miedo de abismarme. Abismarse con el libro y el niño. En el vértigo de la inconsciencia. En el vértigo. En el pozo del olvido").

[Publicado el 26/1/2016 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

La filosofía no puede ser útil para una sociedad sustentada en su repudio.

He reiterado aquí la tesis aristotélica según la cual  la filosofía como expresión mayor de la disposición fundamental del ser humano a la simbolización y el conocimiento, la filosofía como activación  de nuestras facultades específicas, carece de otra finalidad que sí misma: "Y puesto que filosofan con vistas a escapar a la ignorancia, evidentemente buscan el saber por el saber y no por  un fin utilitario. Y lo que realmente aconteció confirma esta tesis. Pues sólo cuando las necesidades de la vida y las exigencias de  confort y recreo estaban cubiertas empezó a buscarse un conocimiento de este tipo, que nadie debe buscar con vistas a algún provecho. Pues así como  llamamos libre a la persona cuya vida no está subordinada a la del otro, así la filosofía constituye la ciencia libre, pues no tiene otro objetivo que sí misma" (Metafísica, 982b17-18)

De ahí  la esterilidad de enfrentarse a los detractores de la disciplina mediante proyectos  de una "filosofía" aplicada, una filosofía que acepta estar al servicio de otros fines, una filosofía que no tiene confianza en sí misma que no se ve como expresión  de la  genuina disposición del ser humano y en consecuencia como causa final de una educación que responda a la paideia de los griegos.

Exigencia filosófica es luchar políticamente para que la sociedad posibilite que todo ciudadano esté en disposición de filosofar. Hay que combatir pues a quienes sostienen que el objetivo de la educación es formar ciudadanos susceptibles de adaptarse a un contexto social contingente, por más o menos democrático que este sea (no olvidemos que fue el régimen democrático de Atenas el que  condenó a la cicuta al filósofo). Quizás  la filosofía pueda ayudar a ser mejor técnico, físico o biólogo, pero ello sólo como consecuencia de que tras (más allá de) su práctica, el especialista entrevé que está la filosofía, entrevé los interrogantes mayores a los que se ve confrontada  la condición humana.  Como Marcel Proust decía del arte, la filosofía ha de servir a los ciudadanos, pero sólo puede hacerlo siendo cabalmente filosofía.  Pero ésta de manera alguna puede ser útil para la sociedad sustentada precisamente en el repudio de la filosofía. O aun: al enemigo de la filosofía no se le vence argumentando que la filosofía es útil a sus fines.

[Publicado el 19/1/2016 a las 09:00]

[Enlace permanente] [2 comentarios]

Compartir:

EL HONOR DE LOS FILÓSOFOS

El doble reto del cadete Bolyai.

En julio de 2009 en el Registro de la Memoria de Mundo de la UNESCO,  es consignado un pequeño texto en latín del matemático húngaro Janus Bolyai,  publicado en 1832 bajo el título Scienciam Spatii absolute veram exhibens, y del cual en 1896  G.B. Halstedt había realizado  una traducción al inglés bajo el título The science absolute of space...

Al referirme aquí al honor de los filósofos he querido poner de relieve el lazo entre el ideario de comportamiento y la valoración misma que se hace del pensamiento, del hecho mismo de pensar con extrema radicalidad. Por otra parte con la palabra "filosofía" he designado  no solamente lo que se entiende estrictamente por tal en el seno de la parcialización académica de las disciplinas, sino una cierta disposición de espíritu ante todo saber que de hecho compromete la percepción que tenemos del entorno físico y de nuestro papel en el mismo. Recordaré al respecto el  ejemplo canónico:

La teoría de la relatividad tiene un indudable peso filosófico (literalmente meta-físico) por el hecho de poner en tela de juicio la realidad física del tiempo y el espacio, es decir de aquello que la Crítica de la Razón Pura considera como condiciones a priori (trascendentales les llama Kant) de la experiencia del mundo que podemos tener los seres de pensamiento y lenguaje. Ello obviamente no significa que todo físico confrontado a problemas relativistas esté pendiente de este aspecto filosófico de la teoría, y por desgracia cabe decir que para hacer una carrera en física quizás se exige no implicarse en estos asuntos. Sin embargo, los grandes de la teoría, Einstein en primer lugar, sí han sido plenamente conscientes de tal trascendencia, e incluso cabe decir que esa misma conciencia les llevó a franquear los límites  estrictos de la  física. La cosa es todavía mucho más clara si en lugar de la relatividad consideramos la mecánica cuántica pues, como ya he tenido múltiples ocasiones de señalar, esta disciplina se encuentra en el origen de un auténtico renacimiento de la metafísica, una eclosión sin precedentes desde la época jónica en la que también un conjunto de aporías en la física condujo a la gran filosofía clásica.

Sin duda no tan sólo la física es peldaño para esta apertura a los problemas que cabe considerar filosóficos. También la matemática ofrece ejemplos análogos. Un descubrimiento matemático puede llegar a revelarse tan subversivo respecto a representaciones ancladas sobre la naturaleza, e incluso respecto a ciertos postulados lógicos, que el matemático confrontado al mismo, sin autocalificarse quizás de filósofo sí se halla en la disposición de espíritu que caracteriza a este. Caso paradigmático  al respecto es el de Janus Bolyai, a quien se debe una de las modalidades de las llamadas geometrías no euclidianas y sobre cuya vida me detendré ahora:

El filósofo matemático y húngaro Farkas Bolyai  era profesor de matemáticas en un colegio de la localidad del imperio austro-húngaro Maros-Vasarhely. Entre 1815 y 1818, estudiaba en este colegio su hijo Janus Bolyai (1802-1860). Se ha escrito que su introducción en la técnica matemática fue problemática (siendo, por, el contrario, desde niño un virtuoso del violín), pero a los trece años dominaba el cálculo diferencial. De ahí que, en 1816, Farkas Bolyai, amigo personal del llamado "príncipe de las matemáticas" Kart Friederich Gauss (1777-1855) escribiera a éste pidiéndole que acogiera a su hijo en su casa de Göttingen y se encargara, durante dos años, de su formación matemática. Gauss nunca respondió a la carta.

Janos Bolyai fue entonces canalizado hacia la carrera militar, entrando en 1818 en la Academia Imperial de Ingeniería, en la cual permaneció hasta 1822. Cuentan sus biógrafos que, además de proseguir en sus investigaciones matemáticas y perfeccionar su virtuosismo en el violín, Janos Bolyai era imbatible en el arte de esgrima. Este hecho, unido a que no habría llegado nunca a simpatizar con sus compañeros austríacos de regimiento, se halla en el origen de una singular aventura, que no debió mejorar sus relaciones con la jerarquía de la Academia. Hay distintas versiones pero todas coinciden en lo esencial:

Encontrándose con su regimiento de Temesvar, trece de sus camaradas le interpelaron en términos que él consideró ofensivos. Consecuencia de ello fue un  duelo con todos y cada uno, estableciéndose el acuerdo de que tras cada enfrentamiento ganado se le otorgaran unos minutos de asueto, a fin de interpretar una pieza de violín...que dedicaría a su rival  El resultado final fue dejar malparados a todos sus contrincantes, cosa que debió contribuir a que se le invitara a dejar la milicia.

Pero no fue en todo caso este el único ni el principal reto al que se ve confrontado durante su estancia en la Academia. Pues en ella siguiendo los pasos de su padre, discute largamente con su amigo Charles Szazs sobre la posibilidad de una geometría que prescindiera de la verdad o la falsedad del quinto postulado euclidiano (el que en la versión moderna sostiene que por un punto exterior a una recta pasa una segunda-sólo una- segunda recta que no corta a la primera), una geometría, más general. Pues bien:

En 1823 Janus escribe a su padre comunicándole que, al respecto, ha efectuado descubrimientos impresionantes. Su padre le contestó con una carta en la que aconseja prudencia, pues indica que él mismo había desperdiciado en ello demasiado tiempo: "deberías tomar distancia mientras sea posible, pues (...)  este asunto puede privarte de descanso, salud, paz y felicidad". Pese a tales advertencias, tras conocer íntegramente el texto escrito por su hijo, Farkas Bolyai se entusiasma y lo publica en 1832 como apéndice de una obra suya, bajo el título al que arriba me refería Appendix scientiam spatii   absolute veram exhibens, traducido como decía por el gran estudioso de la matemática no euclidiana G. B. Halsted.

Gauss tiene muy rápidamente conocimiento del apéndice, y escribe una carta (marzo de 1832) a Farkas en la que le trata de "inolvidable amigo". Sin embargo, la carta es menos amable de lo que podría esperarse. En sustancia, Gauss afirma hallarse en la imposibilidad de "hacer el elogio de la obra", en razón de que ello equivaldría a "hacer el elogio de mí mismo". Y la explicación sigue: "el entero contenido del escrito, el método que su hijo a adoptado, los resultados a los cuales se ve conducido, coinciden prácticamente en todo extremo con mis propias meditaciones, que me han ocupado durante más de treinta años".

Janos Bolyai se sintió muy decepcionado al constatar que su trabajo no era realmente original. Tal decepción se acentuó cuando tuvo conocimiento de que en 1829, Lobachevsky, un ruso hijo de una humilde viuda, y que tenía entonces 24 años, había publicado un tratado cuyo contenido conceptual era extremadamente coincidente con el de Bolyai. También Lobachevsky tenía, a través de uno de sus profesores, relación con Gauss, y los historiadores de la matemática especulan sobre si tuvo o no conocimiento de los trabajos de éste.

Lobachevsky tuvo mucha más suerte que Bolyai: tras el referido estudio, publicó en ruso otro, titulado Geometría imaginaria, traducido al francés en 1837, lo que le abrió la vía al análisis más o menos crítico de matemáticos y filósofos de la Europa entonces más cultivada. También Lobachevsky califica  su geometría de imaginaria, pero esto no quiere decir que la considerara fantasiosa; es imaginaria simplemente porque múltiples proposiciones de la geometría euclidiana tienen contrapartida en la de Lobachevsky, cuando reemplazamos los números reales por números imaginarios, incluidos en el conjunto de números llamados complejos (curioso será ver que precisamente reemplazando un número real por un número imaginario, el espacio y tiempo no euclidianos de la teoría de la Relatividad Restringida permiten reconstruir un espacio-tiempo, es decir, tetra-dimensional, conocido como universo de Minkowski, que es perfectamente euclidiano).

En una de las cartas a su padre Janus escribe "He creado a partir de la nada un nuevo y diferente mundo". Este sentimiento de estarse confrontando a los límites de lo que puede abordar el pensamiento se refleja  en esa referencia a una ciencia absoluta del espacio en el título mismo de su apéndice: poco más de veinte   páginas  de una obra que alcanza  las  20000 pero que permaneció en su inmensa mayoría inédita. Veinte páginas que (al igual que otros textos fundamentales de la geometría no euclidiana) no sólo abrieron perspectivas sorprendentes para la interpretación física del universo sino que tuvieron eco explícito en la gran literatura. Me detengo un momento:

Dostoievsky escribe en un momento en que, tras los trabajos de Lobachevsky, Bolyai y Riemann, se sabía la perfecta consistencia de una geometría en la que los tres ángulos de un triángulo miden otra cosa que dos rectos y, sobretodo, se barruntaba que la misma podía ser la base de esa cosmología que, con la Relatividad General, llegaría a subvertir radicalmente los conceptos de tiempo y espacio En su excelente libro Ideas de Espacio (1), Jeremy Gray nos recuerda que en boca de Ivan  Karamazov (dirigiéndose a su hermano Alyosha, poco antes de que surja la figura del Gran Inquisidor) hay un literario eco de estas diatribas:"Si Dios realmente existe y realmente ha creado el mundo, entonces, como todos sabemos, lo creó de acuerdo con la geometría euclidiana, y creó la mente humana capaz de concebir sólo tres dimensiones del espacio. Y sin embargo ha habido, y hay todavía, matemáticos y filósofos, algunos de ellos hombres de extraordinario talento, que dudan de que el universo haya sido creado de acuerdo con la geometría euclidiana."

Quizás no sea ocioso señalar que, en el texto, la problemática trasciende lo científico y lo gnoseológico, para adentrarse en el orden de la rebeldía y la aspiración a la libertad:

"... no acepto el mundo de Dios... estoy tan convencido como un niño de que las heridas curarán y las cicatrices desaparecerán, convencido de que el repugnante y cómico espectáculo de las contradicciones humanas se desvanecerá como un lastimoso espejismo, como una horrible y odiosa invención de la débil e infinitamente insignificante mente euclidiana del hombre."

Janus Bolyai no fue un personaje feliz. Su desazón ante el texto de Lobachevsky  le condujo al borde de la melancolía e incluso de la paranoia, llegando a alimentar la sospecha de que el matemático ruso no existía realmente y que el texto era en realidad una construcción de Gauss destinada a humillarle. Se dice que el desvarío de Janus Bolyai le condujo al extremo de llegar a retar a su propio padre en cuya casa se había refugiado tras su salida forzada de la Academia, sin otro resultado que el de ser asimismo expulsado de la casa.

Es difícil estar a la altura de un ideario. En ciertos casos, tratándose de ideario de comportamiento,  la elevada estatura del mismo  es proporcional a la pusilanimidad o incluso la bajeza de quien lo predica. Y desde luego no son los más merecedores de anatema aquellos que tienen mayormente el sentimiento de usurpación o de impostura. Pues al respecto nada más abyecto que el personaje descrito en la  parábola del fariseo: "gracias te doy señor por no ser como ese..." La ceguera sobre la propia bondad es quizás menos peligrosa que la complacencia en exagerar la propia inadecuación al modelo imaginario.

Para  Janus Bolyai la matemática era el peldaño a través del cual cabía alzarse hasta las interrogaciones conceptuales más elevadas, y en consecuencia  responder a la matemática, estar a la altura de su tremenda  exigencia, no traicionarla ni subordinarla, tenía forzosamente que ser para él  un imperativo ético casi absoluto. Pero había algo más:

Para llegar a hacer propia la matemática ya dada es preciso un enorme esfuerzo de simbolización. Pero  si además de vencer la inercia espiritual  que se opone a la condición de matemático,  Janus Bolyai lograba enriquecer la disciplina abriendo para la misma horizontes insospechados...entonces podría considerarse a sí mismo como un ser afortunado, uno de esos humanos de los  cuales la humanidad se sirve para superarse a sí misma. De ahí la tremenda decepción que debió suponer  la sospecha de que no había realmente aportado nada nuevo, de que había, por así decirlo, abatido una puerta ya abierta (sospecha, como hemos visto infundada). Decepción y dolor, muestra sin duda de la dificultad que los humanos siempre tenemos para sentirnos ricos con las grandes conquistas de la humanidad, pase o no tal conquista por la propia subjetividad. 

Decía más arriba que en la Academia militar Janus Bolyai fue confrontado a un doble desafío. El menos documentado concernía a esa ofensa al honor infringida por sus camaradas. El segundo era un tremendo desafío indisociablemente filosófico y matemático. En ambos se superó a sí mismo, aunque por lo que respecta al segundo la ausencia de suerte hubiera enturbiado durante su entera vida la debida satisfacción.

No es este sin embargo la frustración de Janus Bolyai que aquí quiero retener, sino más bien el noble estupor  que despierta  en él la lectura del texto de Lobachevsky, las admirativas observaciones que realiza sobre el mismo  y su reconocimiento de que en todo caso estaba ante el fruto de otra  prodigiosa  mente... Y en otro orden de cosas,  en lugar de ese desvarío que suponía retar a su padre, prefiero retener  su  respuesta a la ofensa que le fue infringida en su época de cadete, e imaginar una actitud serena y hasta irónica mientras interpretaba sucesivamente hasta 13 piezas para violín, impasible ante el gesto adusto de cada uno de sus vencidos compañeros de academia.

 


 (1) Jeremy Gray, Ideas de espacio, editorial Mondadori, 1992.

[Publicado el 12/1/2016 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

 

Enlaces

Información sobre el Congreso Internacional de Ontología.

Página diseñada por El Boomeran(g) | ?2019 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres